miércoles, junio 30, 2010

Alegato de un Maniquí Explotado



Quizás vine de China, Corea o Hong Kong; incómodo y apretado en un contenedor, confundido entre mis iguales e inmigrante ilegales. No sé por qué arribe a esta ciudad donde el desierto y el mar era su única postal. En realidad el "por qué", está demás,nosotros no tenemos derechos, al "humanos".
En fin, después del desmbarque, nos apilaron uno y tras a otro, sin diferenciación de sexo(con lo humillante que puede resultar ello)al costado del puerto, para, posteriormente, repartirnos en improvisadas tiendas. Recuerdo que me ubicaron en la entrada de un primitivo galpón, dentro de un arenal cuasi desolado, cuasi urbanizado y sólo como acompañantes a los hombres del mundo que cargaban cajas, sueños y negocios.
La esperanza de esos hombres transformaron los rudimentarios almacenes en suntuosos salones; ornamentándolos con luces, música y aromas de las naciones; azuzando a los ingenuos de aquí y a los de allá a dilapidar todo lo que no tenían y nunca tendran, regocijándose, a modo de premio de consuelo, en el progreso y el éxito del comerciante embustero.
Mismo regocijo es el que siento al seguir siendo explotado en el mismo galpón de hace 35 años atrás, a pesar que mis brazos fueron cercenados y una cuerda sostiene mi desequilibrado cuerpo. Peor fortuna tuvieron mis primos y hermanos que terminaron en el basurero o como combustible para las hogueras de los vagabundos que posan cercanos, ahora, al gran centro comercial.


lunes, noviembre 09, 2009

Y las mujeres son de Venus..


Nuestras declaraciones sobre Uds., nunca han sido asertivas, más bien interrogativas, no muy novedosas, lleno lugares comunes, prejuiciosas a lo mejor, estúpidas quizás, sesgadas o machistas inclusive. Son dudas, lindas mozuelas, provocadas por ustedes y que se han negado a contestar. Vuestro espécimen, de todas las criaturas existentes, es la que más nos causa intriga y fascinación, entender su comportamiento es una tarea, en ocasiones frustrante, para que hablar de la posibilidad de escudriñar su psiquis, empresa aún más improbable de concretar; aún así, los ilusos, nos aventuramos en buscarlas e intentamos develar algunos de sus secretos.

Mi primera incertidumbre es acerca de la afirmación de por qué las mujeres son o vienen de Venus, o en su defecto, por qué someterse a esa imposición nominal, casi espacial, casi divino, de su existencia que, por lo demás, pudo haber sido decretado por su contrapartida masculina que menos recurrido y conocimiento tiene de sus parajes. En fin, respecto de lo anterior, apuesto a dos postulados.

Aunque algunas quieran acuñar, dicha frase, al título de la insoportable serie de best seller de terapia para parejas “Los hombres son de Martes y las mujeres de Venus” del doctor en sicología, John Gray, sus orígenes son mucho más remotos e interesantes, encontrando una aproximación obligada, en el segundo cuerpo terrestre del Sistema Solar.

La representación de la mujer a través del planeta Venus, pudo haber sido invención de algún consolidado astrónomo, ocioso astrologo o intoxicado alquimista del siglo XVIII (todos anónimos por lo demás); en cuyos bocetos plasmaron gráficas femeninas relacionadas con aquel planeta, como el espejo de Afrodita y la cruz que lo sostiene, hoy, símbolo de lo femenino. La relación precedente, no resulta descabellado, el planeta Venus, por sí solo (o sola), goza de ciertas particularidades que lo diferencia de sus hermanos que lo acompañan. Destaca, de inmediato, su órbita. Mientras la mayoría de los cuerpos celestes giran de manera elíptica, Venus tiene una órbita más cercana a una circunferencia; con una rotación de Este a Oeste. Los rasgos mencionados dicen mucho, al menos para mí. La mantención de una órbita circular, es reflejo de perfección constante y uniforme, al menos estéticamente; similitud que constituye una carga tan propia de Uds., por la obligación diaria e incesante de comprobarse a sí mismas y, por añadidura, a quienes las rodea, de su aceptable complexión física, superación intelectual y estabilidad emocional, haciendo suyos, para este caso, el jingle “verse y sentirse bien”. Del mismo modo, el giro opuesto de Venus (Este a Oeste) a como lo hacen los demás planetas (Oeste a Este) son demostraciones de la distancia y diferencias permanente, casi irreconciliables, que nos separan entre hombres y mujeres; es ese pintoresco “movimiento retrogrado” de Venus, el que se levanta como una comparación simétrica con las mujeres, ya que Uds., actúan, piensan y sienten de manera contraria a como, rutinariamente, lo hacen los hombres.

Pero la denominación “Venus”, no fue concebida, originalmente, para un planeta X, sino otorgada a una diosa romana y, mucho antes, diseñada para la cultura helénica. El mentor, de tal divinidad, fue Virgilio quien reconocía, en Ella, el siguiente tridente: amor, belleza y fertibilidad. Si bien, es un triangulo básico, tiene cierto simbolismo geométrico, muestra de proporcionalidad exacta; peso milimétrico de tres atributos que conformar patrimonio exclusivos y únicos de las mujeres, cualesquiera la época en el cual se reproduzcan. Aquel triangulo femenino, también, aparece encubierto en el “Arte Precolombino”, sobre todo en el Arte Cuzqueño, tanto en sus pinturas como mini esculturas, en particular, en la estructura y vestimenta de las ” ñustas incas” (sincronismos de princesas incas con vírgenes españolas) en cuya cúspide denota la finura deseada por todas Uds., hasta descender cerca de la base donde exhibe sus anchas caderas, trampa de seducción de extraviados pelegrinos, además, de revelar signos de buena salud y fertilidad.

Extraño que en estas diosas y princesas, más mortales que perennes, sus creadores no hayan resaltado, ni siquiera mencionado, sus facultades cognitivas, al parecer sus atributos emocionales resultarían más gravitantes para la existencia de una mujer.

Finalmente y, después de re-leer esta pretenciosa columna, me doy cuenta que no tiene mucho sentido “pajearse mentalmente” sobre vuestra concepción o del planeta que hayan venido ya que todas esas lucubraciones, algunas interesantes pero inútiles a la vez, nacen del mismo seno masculino, con toda la discrecionalidad y arbitrio que significa eso. Lo anterior, lo advierto, no es nuestra culpa, sino suyas, ya que ninguna de las señoritas, han levantado el dedo y rebatido lo expuesto por varios de miles de año o por lo menos no existe evidencia que se hayan esforzado en decir cuál es su dios padre/madre o en qué cuerpo galáctico pernoctan, a menos, que las “Guindas” digan y demuestren lo contrario.

viernes, julio 31, 2009

Un parque, un aguacero y un abrigo. (Fragmento completo)



Santiago del Nuevo Extremo. Valdivia fue pitoniso al acuñar aquel apellido. En la Metrópolis resulta todo tan abultado y exagerado: su superficie, su población, la contaminación, las pandemias, las lluvias y el frio, ejemplos de una explosión aritmética imperfecta, infinita, sin restricción ni contrapesos.
La expansión se extiende también a los estilos de vida (o sobrevivencia), los rituales, las costumbres y malas costumbres, muchos de ellos importados de Gringolandia o Europa y convertidos a la realidad nacional popular. ¿Una ciudad copypaste?, ¿un rewind frustrado inglés o francés?, ¿secretismo de culturas? o ¿globalización resignada?, llámenlo como quieran, para mi no es tema, al menos por hoy no.
Este día polar saldré a pasear por Parque Forestal, a pesar que San Pedro castiga con azotes la Capital, igualmente, necesito deambular por el trazado lineal de la antigua arboleda, para distraer, dolores y ruinas. Sin perjuicio del poco optimista devenir, me siento seguro y protegido para enfrentar este sombrío día, ya que esta ocasión usaré mi viejo abrigo de piel. Este abrigo es una vestimenta peculiar, si bien, evidencia las lesiones propias del tiempo, las polillas y uno que otro accidente doméstico, se mantiene en buen estado, más aún, puedo afirmar que las imperfecciones impuestas por el trajín ordinario constituyen detalles finamente seleccionados que lo alejan de sus pares. De supuesta talla XL, gracias a su tecnología ex-soviética, permite ajustar sus gruesas fibras a contexturas más enjutas como la mía, o eso pareciera, al menos logra engañar a un par de ojos sanos o los infalibles lentes "poto" de botella. Sus materiales sintéticos no obstaculizan la perfección del corte ni la elegancia parisina que tanto nos gusta pavonearnos; pero sin duda, el toque de distinción (o exageración), lo otorga el bicho con pelos que rodea el cuello del traje; piel arrancada de algún animalito peludo coterráneo de países ex-comunistas olvidados, donde los reclamos de Peta y Greenpace son ignorados. Esa conjunción entre la simetría industrial y la singularidad animal me confiere seguridad y tranquilidad; la energía que emana del choque de esos dos antagonistas no sólo produce calor sino que también un escudo que rechaza el infortunio. Perfecto. Con esa certidumbre inicio mi caminata por los angostos caminos de Baquedano. Donde hubo prados, donde hubo plátanos, ahora hay graffitis y recuerdos de un cuadro nudista colectivo; las tertulias literarias de comienzos del siglo XX y las manifestaciones políticas de los 80' han sido desplazadas por malabarismos de neo hippies y estridentes recitales. En la mayoría de esos cambios ha estado presente mi abrigo pero sin sufrir variaciones radicales, ni en su complexión ni en su alma. Inmutable. El chaparrón intenta abatir mi camino. Las gotitas de agua consensuadas tratan de escabullirse por las rendijas del abrigo, pero éste, silenciosamente, los repele. Aunque no sólo debe despejar a una lluvia confabulada sino que también a los comentarios envidiosos de abuelitos frustrados; risotadas irónicas de escolares cimarreros y miradas audaces de comunes delincuentes, igualmente, todos ellos sucumben ante su imponente e infranqueable estructura. Invencible. Paró de llover. Debo volver al lugar de mi infinito descanso. Un rectángulo al vacío sustraído del limbo ha resguardardo la integridad de mi abrigo y el mio. Ahora asciendo y cierro mis ojos. Debemos recuperar fuerzas para otro incierto paseo. Acá nos quedaremos por un tiempo, fijamente colgados en un extremo del museo, para alivio nuestro, para goce de terceros. Admirable.

Ref: Gravado"Abrigo de Piel. Frente".
Autor: Claudio Bravo.

domingo, mayo 25, 2008

Aeropuerto (Metrópolis).


Aeropuerto-Iquique-Diego Aracena (desconocido). Pájaro con plumas de acero para 156 pasajeros. Ciento veinte mini-estrellas extraviadas titilantes en suelo desértico. Veinte mil pies de altura. Velocidad Crucero 800 Km /hrs. Trío de asientos carceleros. Vocabulario geométrico para ornamentar y advertir. Pasajeros sentados, formados y disciplinados. Distinción de clases: Ricos, ordinarios y desamparados. Aeropuerto-Santiago-Comodoro Arturo Merino Benítez (otro desconocido). Aterriza la morsa de plata con sus 156 pasajeros. Otros ciento veinte luceros parpadeantes guían el camino. Los viajeros desembarcan formados y adiestrados. Primero los ricos, segundo, los mediocres y finalmente los pobres.
Avanzó por la manga; por fin suelo continental. Una grabación usurpa, torpemente, un idioma extranjero:“Welcome to Santiago, It’s midnight and It makes fourteen degrees of temperatura. Have nice to stay in the city. Mismas palabras fueron pronunciadas, con mejor acento, en Charles de Gaulle y en el Aeropuerto de Zambia. Me traslado por las escaleras hasta el piso Nº 4. En dos minutos 25 segundos alcanzaré el desembarque, tiempo similar les ocupará a los viajeros del aeropuerto J. F. Kennedy abordar esa misma estación, siempre que sean naturales de la zona o de estirpe inglesa o japonesa (el terrorismo les rompió la lógica).
No importa cual sea el Terminal de Aviones, todos son productos involuntarios del más genuino mecanicismo, modelo perfecto de materia y dinámica. Habrá algunos con más luces, sonidos y colores, pero siguen siendo el mismo templo; idéntica masa y movimiento; el sueño de Galileo, Descartes y Leibniz, de alquimistas, deterministas y sistémicos; un armazón cibernético sin espíritu y valor.
El imperativo hipotético de su funcionamiento, no es complicado de entender, en realidad, los aeropuertos no fueron construidos para ser comprendidos, sólo obedecidos, quizás porque cibernética y política comparten raíz etimológica (Κυβερνήτης=timón).
El Aeropuerto de Pudahuel, representante legítimo del engranaje perfectamente ensamblado: flechas luminosas de neón, computadoras de pasillos, cintas transportadoras de pasajeros, maletas y cargas, expendedoras de café, radares, cámaras y escaleras mecánicas, conjunto inorgánico que guía, mueve y domina a miles de personas, siendo estos últimos meros insumos energizantes del sistema computarizado. Estructura ideal de narradores míticos, chiflados renacentistas y contemporáneos científicos; artesanos que emularon piezas muertas para trasformarlas en organismos robotizados, simuladores de la capacidad creadora de divinidades que a través de cables, hierros y botones suplantaron, primero, el músculo humano (incluyendo el cerebro) y, después, controlaron la naturaleza y el resto del universo. El hombre, esclavo anónimo del macro autómata, fuera de él, un ser inválido e inservible, cumpliéndose la profecía de un título mutilado, “Human use of Human Beings, Cybernetic and Society “.
Son las 12:30 de la noche y la estampida humana es guiada por flechas hacía la estación de desembarque, con precisión nanométrica, la correa transportadora despoja las maletas a los cómodos receptores. Primero el embalaje de marca (la computadora calcula que son hombres de negocio y sin tiempo de espera), seguido las de mayor peso (lectura electrónica que conjetura que son equipajes de padres de familia) y finalmente deportistas y estudiantes (cuyo calculo binario permite proyectar que la perdida de 5 minutos no afectará su rutina). Sin perjuicio de lo anterior, los rezagados son compensados con una copia sintética de café en grano colombiano tan pronto pase un ingenuo cerca de la expendedora. O una visita fugaz al sincrónico baño que encienden sus luces al percatarse que existe peligro de aglomeración en el andén de espera.
Ya han pasado 22 minutos. La computadora creyó que mi equipaje era de un hippie estudiante. Fui él último en la entrega. Las escaleras máquinas no funcionaban, hasta que una cámara diviso a una mujer obesa subiendo los escalones, con el objeto de evitar un accidente y multitudes innecesaria, la autómata envió el mensaje a la escalera N º 22 para que se moviera, aprovechando el aventón y recuperando algunos minutos.
Las puertas de salida se abrieron automáticamente a través de un sensor de movimiento, la odisea en el establecimiento (con pajeó mental incluido) me tomó 34 minutos (alabado sea Pascal y Leibniz por configurar el sistema binario de lectura dejando sin posibilidad la maldición del número impar).
Estoy afuera; vuelvo al caos sin planificación de la vida cotidiana. Muchedumbre, ruidos, choques de imágenes y olores nauseabundos. Pido un taxi. Doce mil pesos hasta Santiago Centro. No hay otra opción, aceptó el robo. Con esas desalentadoras características del exterior y quienes lo dominan, prefiero seguir siendo esclavo, o al menos, espectador del frío y gratuito mundo autómata y cibernético.

martes, abril 29, 2008

La Avenida (Un paréntesis. El borrador de un cuento)

Como bólido descarriado me hago paso entre la multitud que transita Avenida Baquedano. Obviamente, mi conducta revela que no soy un calculador asesino, ni tendré tiempo para aspirar revancha; hasta un pendejo ladronzuelo sabría que una enajenada carrera, en la remodelada Avenida, sería testigo delator de un crimen perverso.
No se por qué escapé al barrio inglés con tantos lugares para ocultarme; las cuevas del Marinero Desconocido, las canteras de Bajo Molle o las extensas playas del sector Sur; tantas opciones en la baraja de naipes y escogí la peor; quizás fue mi conciencia la que se vio acorralada y perdida, al igual que la Avenida, perdida en un tiempo que no lo pertenece pero igualmente la obedece; a lo mejor el inconsciente se dio por vencido y seleccionó este cementerio inmemorial de casonas aristocráticas para pasar mis últimos momentos de libertad o de existencia terrenal.
No puedo seguir corriendo; el cansancio, el miedo y la culpa tardía han compelido mi refugio en una vieja e ignorada casa de época, justo en el vértice que une calle Zegers con la restaurada Avenida. Esperanzadamente, me arrimó al alero de la olvidada construcción. Escudriño algún acceso no convencional, sea para arrastrarme o para trepar. Mi búsqueda es infructuosa, no hay forma alguna de poder parapetarme, su fachada hermética, cubiertas de barras en puertas y ventanas la convierten en propiedad inexpugnable, a pesar de los indicios de violencia provocada por la naturaleza y las manos de los vagos, no existe grieta alguna donde pueda deslizarse mi esquelética figura.
Desplomo mis hombros en señal de rendición. Mi cuerpo se desvanece hasta tocar el suelo. Instintivamente mi complexión toma posición fetal; las rodillas se doblan hasta estrangular mi cuello. Tengo frío pero no tristeza, la incertidumbre se acabó, ahora sólo tengo que esperar mi arresto o, en su defecto, la definición, por segunda vez, de mi arma compañera.
Intento nuevamente re-posicionarme en tiempo y espacio. Cuantas veces he pasado cerca de esta casa y nunca había reparado de su existencia. Físicamente similar a sus hermanas que la acompañan; caseríos de madera de mas de un siglo; construcciones de un solo piso con terrazas incluidas, con tinturas blancas y cremas para mantener la compostura y la elegancia de la época.
Mis abatidos ojos revisan escrupulosamente el contorno. La vista se escabulle entre las rendijas de una pequeña reja alcanzando a divisar las cenizas del malogrado Palacio Mujica, al parece la Avenida no pasa por tiempos felices, en ella fallecen un Palacio incinerado y una mansión olvidada, escogida, ahora, como mi guarida improvisaba.
Las pupilas vuelven al claustro que me sirven de amparo. La observó en silencio. Es una casa de un piso con cuatro columnas que la sostienen; el cielo se encuentra protegido con un oxidado recubrimiento de metal azulado, mismo material reviste de fuerza la pequeña reja que saluda a los ciudadanos en la entrada y que apercibe a los extraños en sus ventanas. Se destaca una amplia puerta de hierro artesanalmente forjada y unas húmedas tablas que dejan escapar el aroma del pino arrancado de las tierras de California a finales del siglo XIX. No necesito seguir observando, los indicios son suficientes. Ésta fue morada de familias adineradas, dueñas salitreras o agencias navieras.
Es medianoche y la policía no me encuentra; quizás el asesinato del regidor no era tan importante; a lo mejor deseaban deshacerse del déspota. ¿O acaso será esta casa la causa de la dilación injustificada?, ¿tan inocua es su presencia que su indiferencia es obligada?
Inquietante espera, oportunidad de ejecutar el resistido Plan B, porque de algo estoy seguro, quien la hace la paga, con cárcel o la vida. Ya no vendrán a buscarme será mejor que actúe mi amiga homicida.
En el instante que el revolver se aprestaba agrietar mi sien, se abrió el portón de metal, mostrando una mujer de media altura, firmemente erguida, envuelta en un vestido victoriano de copa ancha, acompañado de un corsé asfixiante pintado con un sugerente granate. La mujer vestida anacrónicamente, deslizó un sermón jocoso con acento extranjero: ¿Jovencito, qué hace Ud., en el suelo con esa cara de demacrado?, con el mismo ritmo y acento foráneo agrego: Levántese, entré a mi casa y celebremos la derrota del Campesino. Reconozco la sorpresiva invitación, jamás pensé que el crimen cometido tuviera tan buena aceptación entre la población. Con tal de no arruinar las festividades, decidí ingresar a la mansión.
Nuevamente el desconcierto, bastó unos pasos dentro de la casa para percatarme lo bien conservada que se mantenía. El piso flotante como espejo devolvía mi imagen desgarbada y las paredes recubiertas del más fino papel mural donde sólo los autorretratos con marco de bronce eran merecedores de ocupar.
Casi muero en el pasillo, por fin llegamos al salón. La fiesta se venía en grande en mi honor, los hombres vestían de traje y las mujeres tortuosos vestidos con armazón. Había música envasada en una resucitada vitriola Aeolian Company; fumaba cigarrillos Luis XV y bebían brandí y whisky escoses. Se hablaba de la amenaza gringa de Nitrate Agencies; de los nuevos clippers de la Lloyd’s Agency; del aporte a la guerra de Sir Jhon North y el desfile de los constitucionalista. De repente, mi guía interrumpió la música y la tertulia, pidió a un tal Montt, capitán de estatura baja, estructura maciza y prominente mostacho arengará, él vitoreó “viva el Congreso, la Patria y la Constitución”.Mi boca nauseabunda dijó: “jamás darán a Balmaceda su sitial”, al parecer no fue muy visto el comentario. Imprevistamente apareció un comensal, desenfundó su pistola y disparó contra mi persona.
Otra vez afuera de la casa. Fue una pesadilla. El frío y el hambre están haciendo estragos. Me duele la cabeza, no alcanzo ver con claridad, con dificultad noto unas gotas de sangre que corren frente a mis ojos; será mejor dormir y no volver.






Gabriel Ahumada.

domingo, marzo 30, 2008

La Torre de Babel II (De locuras, Fatalismos y otros Demonios)

No sabía que hacer, si retirarme o simplemente tomar mis palitos y enterrárselos en sus gargantas, pero decidí algo más “polite”, pregunte a Masae. ¿Por qué se están riéndose de mí? Ella contestó, risueñamente: No lo se, en realidad yo poco entiendo los idiomas que hablan, es más, me atrevo a decir que nadie, en esta mesa, entiende una palabra del otro, hay unos que hablan japonés, otros chino mandarin, otros taiwanes y otros coreano, así que es imposible saber lo que dicen. Al escuchar tal respuesta, simplemente, me quede enviudo en el vació propio de la ignorancia y después de hacer un ademán continué comiendo cerdo con soya mientras ellos seguían riéndose a morir.”(Martes, octubre 16, 2007 La Torre de Babel (De locuras, Fatalismos y otros Demonios) ).
Fue en ese momento que mi Subconsciente decidió tomar rumbo propio, escalando las ruinosas escaleras de Babel, girando, retorciéndose, adoptado una y mil formas para tomar las esquinas del acabado edificio, hasta llegar a su cumbre, desde la empinada terraza, o lo quedaba de ella, la Subconciencia reemplazaría a los dioses, o al menos lo imitaría burdamente, enjuiciando con soliloquio a mi y a demás los débiles mentales que ya yacían en el foso después del despojo: No comunicarse y logra el entendimiento mutuo, es el peor de las ignorancias, de aquellas que los filósofos terrenales, calificaban de culpable, con sentencia de muerte o al menos de servidumbre permanente por quienes si poseen ese magisterio. Recuerdo, Gabriel, una vez escribiste: “comunicación=signos+entendimiento=dominación, quien no comprende, no somete, y si no subyugas, mueres o te esclavizas”, (Martes, octubre 16, 2007 La Torre de Babel (De locuras, Fatalismos y otros Demonios) ).
Ergo, según tú y quienes te acompaña, el hombre está reducido a un manojo de signos, únicos o complejos, que manifiestan pensamientos, sensaciones y momentos ciegos; símbolos narradores de historias provincianas y pomposas, de muertes anónimas y utópicas, tallados de anillos de personas, pueblos y civilizaciones; lenguaje instrumento privativo de los seres humamos, “h
aus des seins”, sin lenguaje, no hay cobija para el alma, sin ella, arriesgas a perderla, quien carece de esencia, no merece morada entre los hombres.
Quizás, condenado mozuelo, deberías aceptar tu condición de paria dentro de la Polis, la incapacidad de dominar los menesteres del lenguaje, os permiten soslayar los vaivenes, odios y tristezas que embargan a vuestros seres; un sabio/rey/antiguo dijo: “quien añade ciencia, añade dolor y una inteligencia siempre hay grandes sufrimientos”, cuan cierto estaba aquel rey judío, los formalismos racionales han robustecido a políticos, juristas, escritores y científicos que para cumplir idealismos personales han sacrificado su propia felicidad y de quienes los rodean.

Así fue que algunos, deseando entender la magia de la vida a través de una simple formula minimalista estructural, C4H5N3O, fría y apática no coincidente con la fuerza y energía que brota de la existencia, pudieron rescribir el génesis de la evolución y; una vez encumbrados como falsos entes divinos también quisieron poseer la pluma que redactará el Apocalipsis, bastando una mezquina serie, E=MC2 para que calcinar el mundo en ira y violencia.
Te das cuenta, aún poseyendo doctrinas inmemoriales del lenguaje científico no pudieron manejar la vida ni la muerte, al contrario, ambas se han ido contra Uds., pidiendo el retorno del trono que los abyectos despojaron. Ahora los imputados viven temerosos de inventar otra sigla de vida o de muerte o, que descubran las ya transcritas con sangre en un rincón de sus adelantados sarcófagos, porque cuando los encuentren mis hermanos los condenarán al silencio eterno bajo cargo de usurpación de funciones, aún escucho al furioso Gilgamesh exclamar “¿Dónde ha aprendido la ignorante humanidad lo qué es una conducta de un dios”?; interrogante certera, la vida y la muerte, son propiedad exclusiva de quienes la poseen y no de aquellos a quién se las conceden, por tanto, su concepción y desarrollo son atribuciones que no puede ser suplantadas y quienes se atrevan hacerlo deben ser castigados, como ha sido demostrado en el devenir histórico de su mundo.

Entonces, Gabriel, atesora la barbarie, así no enfadaras a los dioses, al contrario, agradaran tus gestos hacia ellos, te concederán alegrías terrenales; obedece a tú Sófocles “únicamente con la ausencia de la sabiduría hace agradable la vida”, vive en la sima del oscurantismo y ten una vida afable y eterna a diferencia de los que usufructúan del lenguaje lógico-formal que saben que el conjunto de caracteres “finitos” simbolizan una idea, la expresión humana de su insignificancia, del término de su existencia y la incapacidad de alcanzar la inmortalidad.
Intempestivamente, apareció mi olvidada inteligencia, escaló los mismos muros de Babel hasta llegar a la terraza donde estaba mi Subconciencia, corrió raudamente hacia ella y, antes que pudiera ella hacer algo, la lanzo al abismo, en ese momento desperté, volví a la misma mesa con los comensales extranjeros, que seguían riendo de sabe qué cosa, no preste atención y continúe comiendo cerdo con soya.

domingo, diciembre 02, 2007

Divan Japonais. Segunda Parte. (De Locuras, Fatalismos y otros Demonios)


Música popular pirateada, carcajadas femeninas-estridentes, piropos patriarcales y vulgares, gritos de vejación y borrachera, sobras de vino barato, condones re-utilizados, sexo-descuidado, prostitutas violentadas, delincuentes cercados, borrachos perdidos y ejecutivos acabados; la Madam nerviosa (sin “e” final, ¡por favor¡), camareras emigrantes ilegales sin contrato ni pasaje de vuelta, intrusos extraviados, chofer-guardia impaciente, Gabriel complaciente, mosaico placentero enmarcado en una habitación improvisada, de un lunes a media día o media noche, ¡qué importa el tiempo¡ o el humo del cigarro de contrabando o el pito paraguayo, ¡qué valen¡ las manchas de sangre en las paredes o el gato sobre la barra; ¡que importa¡ el dinero, el conservadurismo o el sumario sanitario, las leyes o el parsimonioso digno-trabajo, todo carecía de valor, salvo una cosa, disfrutar el esperado espectáculo.
Madam hace un ademán castrense a una de sus cortesanas empleadas y sugiere traer vino en copas primerizas para sus indeseados invitados. Asentimos al ofrecimiento, aunque preferí no beber las uvas de cicuta, simplemente ver en el movido licor rojo el reflejo deformado de mi rostro y exclamar qué estoy haciendo acá, para luego recordar que llevo 27 años preguntándome lo mismo, así que eludí el reproche moral para volver mi atención hacia Madam, quien presentaba el show principal.
De pronto, todas las miradas se vertieron hacia la anfitriona y al precario escenario, se silencio, de golpe, los ruidosos chillidos, encaminando todas las fuerzas presentes a la ansiada revelación que emergería tan pronto terminará la estudiada introducción.
La intro terminó y, de los parlantes se descolgó una dulce-asesina voz, murmurando ¡she makes me wanna die¡ exaltando a los señores, permitiéndoles alucinar libidinosamente y, esperando la muestra empírica de aquellas palabras.
La comprobación llegó, acompañando, de un segundo sonoro ¡she makes me wanna die¡, apareciendo en las tablas una figura espigada, escuálida pero con cierto desarrollo muscular en las extremidades, vestida de elegante negro, con audaz traje de dos piezas, falda rasgada que exponía sus grandes y firmes piernas, forradas en medias a cuadros tejidas por araña y, asomando, en su muslo, una insinuante liga escarlata, tan provocativa como el escote que traslucía su prominente pero inmóvil busto. Rostro de rasgos marcados y poco agraciado, de nariz sobresaliente, pequeña boca corregida con pintura grana e, irreconocibles cicatrices, seguramente, producto de la rudeza sexual a la cual debe someterse; marcas que se distinguen con mayor nitidez en sus fuertes brazos generados por la destrucción voluntaria además de los vestigios que dejan las sustancias venenosas que permiten soportar la triste acidez de este tipo vida.
¡Por fin¡ Divan Japonais, doncella de litografía hecha carne, quizá, no con la belleza burguesa parisina pero con la misma elegancia y finura de aquella dama de alta alcurnia, de voz afrodisíaca, suficiente para encantar a los clientes, a través de las letras de una balada: “She makes me wanna die, change my stride, then I’ll fly, look to the sun , see me in psychic pollution”, y, con algo de suerte, robarles lo que poseen en la tierra, el cielo y el infierno; de gestos femeninos, involuntarios, tan bien cuidados, que soslaya que su persona sea una duda del Dios Creador, un juego cubista que tomó al azar cuerpos geométricos vivos, de diversos géneros, para formar una criatura mitológica de sexos mutuos.
Con una aberración tan peculiar, es comprensible, que al entonar finalmente: “ Who do you think you are? You’re insignificant, a small piece, an ism, no more no less, you try to learn the universe, can’t even converse in uni-verse”, explotarán los aplausos masculinos que paulatinamente subieron en intensidad, como si entre más fuertes golpearan sus palmas mayor suerte correrían que la exótica diosa se fijara en ellos, no obstante, con indiferencia típica de artista, se bajó del escenario, debiendo soportar, una manada de hombres que le ofrecieron un trago o alguna proposición indecente bien remunerada, pero prefirió dirigirse, a taco firme, donde estábamos nosotros, y preguntar a Madam, con su particular voz, ¿tenemos nuevos clientes?, la apesadumbrada señora, hizo un gesto de negativa rotunda, pero no evitó una nueva indiscreción, agregando, ¿y este jovencito tan guapo?, (¿me habrá hablado a mi?) ¿por qué no me invitas un trago?. En tal momento de incomodad para mi chofer-guardia y de martirio para Madam, yo sólo sonríe a la virtuosa cantante para después extender mi mano hacia mi bolsillo y tomar una boleta y escribí:“una multa de 3 UTM, sólo por el espectáculo concedido”, se lo entregue a la dueña del burdel, y nos fuimos por el mismo pasillo oscuro y profundo, mientras se escuchaba a lo lejos, “muchas gracias jovencito”.