lunes, octubre 23, 2006

Fiebre de Sábado por la Noche (Conductas Suicidas, Cuarta Parte)

Media noche de un parsimonioso sábado, oscuridad densa, silencio abrumador, soledad obligada, sin mas compañía que el PC, un café, los desgarros de Eddie Vedder al entonar Black; el Msn y los extraños que me forman parte de él; extraños que agotaban el saldo de aquel día festivo; contándome sobre cosas triviales: una chica y sus cursis quiebres con novios de dudosa reputación; un muchacho y su utópico sueño de ser millonario, en fin, nada interesante, nada extraordinario, sólo rutinarios lugares comunes. Sin embargo, ese frustrante sábado por la noche me deparaba un futuro mas alentador. Fue así, cuando me aprestaba apagar el PC, que apareció en el Msn, La Nata.
Nata, amiga de mi recordada Paloma, morenaza rudimentaria, poco instruida, de vida sin mayores apuros, y otras tantas cualidades que me provocaba cierta reticencia para relacionarme con ella. No obstante, aquella noche, existió un ofrecimiento, por parte de ella, que hizo olvidar mis prejuicios infundados hacia su persona.
Fue ella quien preguntó que iba hacer esa noche, hipócritamente, contesté que tenia “algo por ahí”, no obstante, igual me sugirió que saliera con ella y sus amigos a un Pub Karaoke. Antes de contestar, mi cabecita (un poco extraviada en estos tiempos) lucubró lo siguiente:“La Nata rústica=amigos rústicos; Pub Karaoke=Paulina Rubio, Rafael, etc; Gabriel enfermizo= urgente sábado enfermizo, por tanto, Nata rústica + amigos toscos + Pub Karaoke + Puma Rodríguez + Gabriel enfermito de la cabeza + sábado por la noche= sábado por la noche a lo Toulouse Lautrec en versión proletariado 2.6”. Seguido a ese fugaz pajeó mental, respondí, “Ok, dime a que hora y como llego a ese lugar “.
Dificultoso fue encontrar ese antro, aunque después de dar un paseo en taxi di con el. El Pub parecía una casa básica que entrega el Estado, re-acondicionada para que aquel hoyo pareciera a un bar; en fin, menos prejuicios me dije, y entremos a ese burdel. Y que grata sorpresa me encontré, era el ecosistema que buscaba, tan ordinario, tan simple, tan vulgar. La mayoría de la gente que estaba ahí me duplicaba en edad; vestidos casi en remembranza de los 80’; semi alcoholizados con ron de calidad dudosa; (mal)-perfumados con colonias baratas de supermercado (olor que se confundía con el humo del cigarro y el hedor alcantarilla); y todo esto adornado con las voces desentonadas que cantaba “El hombre que yo amo sabe que lo amo..”; cuadro casi perfecto, muy inspirador, muy Marcel Proust, pero aún faltaba algo, aún faltaba conocer el micro-cosmos de la Nata y Cía.
Tan pronto volví en mi, escuche una voz chillona que me llamaba, luego, alguien me tomaba la mano, y otra vez, la voz chillona, ¡pensé que no vendrías¡, sí, era la Nata. Como bólido me llevó hacia su mesa, en ella habían dos gordas, salidas de un cuadro de Botero, que intentaban seducir a un joven amanerado; Afeminado, que durante la noche, insultaba a las mujeres que transitaban por ahí. De esta manera, entre frases soeces, galanteos y vozarrones que cantaban “Amiga... amiga..” de Miguel Bose, se escuchó en la mesa la palabra Venganza y; el ofensor-víctima sería el propio administrador del local, al parecer, porque se había metido con la mitad de las clientas, inclusive con nuestra querida Nata. No sabía en que iba a consistir esa vindicta; todo era raro, en particular, el Afeminado, que sólo mostraba un billete, alegando que bastaba con eso para consumir todo lo que queríamos, obviamente, no era cierto, ya que a esa hora nos habíamos tomado la mitad del bar, pero no lo cuestione, y me dedique a vivir el espectáculo, escuchar a las gordas cantar:“tú, la misma de ayer, la incondicional..”; seguir oyendo los garabatos del Afeminado hacia las chicas; observar las conductas ocultas de mujeres adultas, posiblemente casadas, seduciendo al garzón; degustar licores que sabían a orina; sumergirme en estúpidas canciones, aplaudir a artistas anónimos sin talento, intentar tararear algo, perderme en el absurdo, gozar de lo patético.
Pero el show se acabó; y cuando nos dirigíamos a la caja para pagar la cuenta, posiblemente abultada, el Afeminado hizo su ultima actuación. Comenzó a insultar al administrador y sus trabajadores por la pésima atención y calidad del local; no obstante, agregó, que igual iba a pagar. De esta manera, sacó su famoso billete, que en ningún caso cubría los gastos, y pagó. Increíblemente, la cajera lo aceptó, incluso, quiso darle cambio; pero el Afeminado prefirió otro trago: Fue ahí, que aproveche de irme junto con la Nata y las gordas, pero antes que tomáramos el taxi; el Afeminado salió del local, gritando “corran, corran, suban al auto antes que nos pillen”. Asustado obedecí junto con las chicas.Ya lejos del burdel y dentro del taxi, se escuchaba un silencio aplastante, hasta que de repente, nacieron risotadas, y la frase:“lo hicimos lo hicimos, nos hemos vengado del ese hijo de...”, fue en ese momento, donde me explicaron el engaño. Ellas planearon, en primero lugar, pagar con un billete de poca monta la escandalosa cuenta, y en segundo lugar, el billete que usarían sería falso; es decir, cometerían un delito; delito del cual fui cómplice por inocente; dicha situación, evidentemente, me bloqueó, condición que mantuve durante todo el viaje, acompañado de risas y gritos de la Nata, las gordas y el Afeminado.

viernes, octubre 06, 2006

Veneno (Conductas Suicidas; Tercera Parte)

“Agosto, un mes de enajenaciones, depravaciones y tristezas; una vida libertina; bajos mundos, sexo, venenos.. un sin-numero de sensaciones a-morales...“(Paloma, Conductas Suicidas, Primera Parte).” Re-lectura a un párrafo de mi vida, mirada desdeñosa a mis lugares comunes; desden por lo simple de mi existencia; desprecio a mi dignidad (y quizás a la de los demás), pero quería un poquito más, algo mas de flagelación para obtener redención (me decía), es ahí que descubrir el Veneno.
Todo comenzó durante mis primeros viajes de práctica leguleya a un pueblito desértico. En el me esperaba mi secretaria, una linda Muchacha de 20 años, de aura propio de esa edad, con estereotipo dibujado dentro de los cánones propios de la juventud, de normalidad intranscendente, salvo una cosa, su especial devoción por sus fenecidos.
Religiosamente me pedía 15 o 20 minutos para ir a visitarlos al cementerio (lugar extraño, ya que se encuentra en el centro de vulgo, como una especie de plaza de armas), obviamente no ponía ninguna objeción a tan peregrina petición, autorizándola para que fuera. Luego, y cumplido el tiempo requerido, volvía literalmente flotando por el hiper-espacio, trastocada emocionalmente (seguramente por el encuentro intangible con los suyos) carente de lucidez y estabilidad; con ojos delatores de euforia redimida; un ritual que terminaba echándose en su silla, tapándose la cara y suspirando únicamente “hay dios mío, perdóname”.
El tiempo me acostumbro al extraño fervor de la Muchachita hacia la muerte, más si después note que sus amigos también tenían impregnado el amor a la veneración divina; asistiendo al cementerio y volviendo con iguales signos de haberse acercado al Nirvana, no por medio de la reflexión, sino por agentes extraños y terrenales.
Fue esa ritualidad sacrílega y mi interés por conocer la Fisis, que propuse a la Muchacha si podía acompañarla al cementerio, obviamente, se asustó, porque pensaba que la iba acusar con nuestras autoridades, pero sintió alivió al confesarle que sabía lo que hacia y que no hablaría pero si quería que me dejará experimentar su desdoblamiento artificial, solicitud que acogió. De esta manera, nos dirigimos hacia el cementerio, donde se nos unió otro Primerizo, movido por el curioso espectáculo. Así fue que la Muchacha se reunió con sus feligreses frente a la tumba de su abuela, sacando de su bolsillo unos rollitos de papel; momento en que brilló una sonrisa en cada uno de los asistentes, no obstante la Muchacha, hizo dos advertencia, la primera, a manera de exculpación, que había que rezar por sus abuelos; y la segunda, era para los Primerizos: “ los que prueban el “ Veneno“ por primera vez, por una extraña razón, alucinan que en medio de este desierto, aparece una ola gigante que los va a matar”, agregando la Muchacha que nos daba la oportunidad para retirarnos, oferta que no aceptamos.
Fui privilegiado en tener que dar el inició a las ofrendas. Reconozco que tuve temor, pero no podía dar paso atrás, así tan pronto llego a mis manos el purito artesanal, prendí el fósforo y lo encendí, sentí el humo rondar mis narices, lo aspire, cerré los ojos, sentí el Veneno moviéndose entre mis entrañas, mi sangre, mi espíritu, empapándome de sudor frío, seduciéndome al daño, inspirando maldad, deformando realidad, pero mi esperado clímax, mi deseado paso a la catarsis, se quedó sólo en deseo, que decepción.
Y mi decepción se profundizo aún más cuando el otro Primerizo basto que aspirara un poco para que su conciencia se quebrara y diera paso a la sicomagía, perdiendo control de sí, de su entorno, grado de frenesí y descontrol admirable, aunque mas admirable, fue los que le sucedió minutos después, cuando su nivel de supraconciencia se apaciguó. Divisamos en su rostro preocupación, el cual se convirtió en espanto acompañado del grito “ la olaaa, viene la olaa, corran”,seguido, el primerizo, con cuota de paranoia, sin respeto alguno a lo secular, se subió a la tumba de la abuelita de la Muchacha y comenzó a remar, o al menos eso parecía, agregando entre gritos sollozos “vamos súbanse al bote y sálvense”, asustado de su condición, lo quise asistir, no obstante, los demás, me lo impidieron, señalando que ya pasaría el efecto. Proyección que se cumplió, ya que el Primerizo dejo de remar, arrastrando sus manos contra su rostro, declarando sólo “ oh dios, perdóname”. Después de eso decidí volver a la oficina dejando a los peregrinos con sus ritos, quizás decepcionado por no haber podido trascender cósmicamente, quizás asustando por lo que le había pasado al otro sujeto, aunque esta historia todavía me deparaba un final muy alentador.
Mientras caminaba a mi lugar de trabajo, algo extraño comenzó a sucederme, nuevamente, sentí el sudor frío en mi cuerpo; sentía mi cabeza en dos; uno atento al cielo y el otro al infierno; sangre que exigía desahogo; deformación de la realidad; incitación a la maldad; shock de imágenes reveladas de un triste pasado; muerte, cielo, derecho, Gracia y dolor, y de repente comienzo a sentir que una gran masa de agua se va formando, olía a sal, peor aun olía a mar, mi conciencia no-presente sabía que taba por conocer el Nirvana, pero no me sentía preparado, así que despavorido corrí hasta la oficina, para sentirme resguardado, ahí me esperaban dos patrocinados, no sabía que hacer, tenía que afrontar mi condición y a su vez mi responsabilidad, los invite a que se sentarán y me contarán en que los podía ayudar, fue ahí, cuando me sentí acorralado, la ola seguía creciendo y ya estaba sobre mi, el Veneno me venció, me llevo al Infierno y ahora debía asumirlo, ya atrapado por la ola y por mis patrocinados que notaban que algo raro me ocurría, atine a una sola cosa, poner mis manos en la cara y pronunciar los conocidos formalismo: “ oh dios, perdóname “…..