viernes, octubre 06, 2006

Veneno (Conductas Suicidas; Tercera Parte)

“Agosto, un mes de enajenaciones, depravaciones y tristezas; una vida libertina; bajos mundos, sexo, venenos.. un sin-numero de sensaciones a-morales...“(Paloma, Conductas Suicidas, Primera Parte).” Re-lectura a un párrafo de mi vida, mirada desdeñosa a mis lugares comunes; desden por lo simple de mi existencia; desprecio a mi dignidad (y quizás a la de los demás), pero quería un poquito más, algo mas de flagelación para obtener redención (me decía), es ahí que descubrir el Veneno.
Todo comenzó durante mis primeros viajes de práctica leguleya a un pueblito desértico. En el me esperaba mi secretaria, una linda Muchacha de 20 años, de aura propio de esa edad, con estereotipo dibujado dentro de los cánones propios de la juventud, de normalidad intranscendente, salvo una cosa, su especial devoción por sus fenecidos.
Religiosamente me pedía 15 o 20 minutos para ir a visitarlos al cementerio (lugar extraño, ya que se encuentra en el centro de vulgo, como una especie de plaza de armas), obviamente no ponía ninguna objeción a tan peregrina petición, autorizándola para que fuera. Luego, y cumplido el tiempo requerido, volvía literalmente flotando por el hiper-espacio, trastocada emocionalmente (seguramente por el encuentro intangible con los suyos) carente de lucidez y estabilidad; con ojos delatores de euforia redimida; un ritual que terminaba echándose en su silla, tapándose la cara y suspirando únicamente “hay dios mío, perdóname”.
El tiempo me acostumbro al extraño fervor de la Muchachita hacia la muerte, más si después note que sus amigos también tenían impregnado el amor a la veneración divina; asistiendo al cementerio y volviendo con iguales signos de haberse acercado al Nirvana, no por medio de la reflexión, sino por agentes extraños y terrenales.
Fue esa ritualidad sacrílega y mi interés por conocer la Fisis, que propuse a la Muchacha si podía acompañarla al cementerio, obviamente, se asustó, porque pensaba que la iba acusar con nuestras autoridades, pero sintió alivió al confesarle que sabía lo que hacia y que no hablaría pero si quería que me dejará experimentar su desdoblamiento artificial, solicitud que acogió. De esta manera, nos dirigimos hacia el cementerio, donde se nos unió otro Primerizo, movido por el curioso espectáculo. Así fue que la Muchacha se reunió con sus feligreses frente a la tumba de su abuela, sacando de su bolsillo unos rollitos de papel; momento en que brilló una sonrisa en cada uno de los asistentes, no obstante la Muchacha, hizo dos advertencia, la primera, a manera de exculpación, que había que rezar por sus abuelos; y la segunda, era para los Primerizos: “ los que prueban el “ Veneno“ por primera vez, por una extraña razón, alucinan que en medio de este desierto, aparece una ola gigante que los va a matar”, agregando la Muchacha que nos daba la oportunidad para retirarnos, oferta que no aceptamos.
Fui privilegiado en tener que dar el inició a las ofrendas. Reconozco que tuve temor, pero no podía dar paso atrás, así tan pronto llego a mis manos el purito artesanal, prendí el fósforo y lo encendí, sentí el humo rondar mis narices, lo aspire, cerré los ojos, sentí el Veneno moviéndose entre mis entrañas, mi sangre, mi espíritu, empapándome de sudor frío, seduciéndome al daño, inspirando maldad, deformando realidad, pero mi esperado clímax, mi deseado paso a la catarsis, se quedó sólo en deseo, que decepción.
Y mi decepción se profundizo aún más cuando el otro Primerizo basto que aspirara un poco para que su conciencia se quebrara y diera paso a la sicomagía, perdiendo control de sí, de su entorno, grado de frenesí y descontrol admirable, aunque mas admirable, fue los que le sucedió minutos después, cuando su nivel de supraconciencia se apaciguó. Divisamos en su rostro preocupación, el cual se convirtió en espanto acompañado del grito “ la olaaa, viene la olaa, corran”,seguido, el primerizo, con cuota de paranoia, sin respeto alguno a lo secular, se subió a la tumba de la abuelita de la Muchacha y comenzó a remar, o al menos eso parecía, agregando entre gritos sollozos “vamos súbanse al bote y sálvense”, asustado de su condición, lo quise asistir, no obstante, los demás, me lo impidieron, señalando que ya pasaría el efecto. Proyección que se cumplió, ya que el Primerizo dejo de remar, arrastrando sus manos contra su rostro, declarando sólo “ oh dios, perdóname”. Después de eso decidí volver a la oficina dejando a los peregrinos con sus ritos, quizás decepcionado por no haber podido trascender cósmicamente, quizás asustando por lo que le había pasado al otro sujeto, aunque esta historia todavía me deparaba un final muy alentador.
Mientras caminaba a mi lugar de trabajo, algo extraño comenzó a sucederme, nuevamente, sentí el sudor frío en mi cuerpo; sentía mi cabeza en dos; uno atento al cielo y el otro al infierno; sangre que exigía desahogo; deformación de la realidad; incitación a la maldad; shock de imágenes reveladas de un triste pasado; muerte, cielo, derecho, Gracia y dolor, y de repente comienzo a sentir que una gran masa de agua se va formando, olía a sal, peor aun olía a mar, mi conciencia no-presente sabía que taba por conocer el Nirvana, pero no me sentía preparado, así que despavorido corrí hasta la oficina, para sentirme resguardado, ahí me esperaban dos patrocinados, no sabía que hacer, tenía que afrontar mi condición y a su vez mi responsabilidad, los invite a que se sentarán y me contarán en que los podía ayudar, fue ahí, cuando me sentí acorralado, la ola seguía creciendo y ya estaba sobre mi, el Veneno me venció, me llevo al Infierno y ahora debía asumirlo, ya atrapado por la ola y por mis patrocinados que notaban que algo raro me ocurría, atine a una sola cosa, poner mis manos en la cara y pronunciar los conocidos formalismo: “ oh dios, perdóname “…..

12 comentarios:

Blue woman dijo...

Oh!¡Qué miedo!La ola gigante!Gran y aterrador relato.

Felicidades.

Besos.

Esther dijo...

¡Qué miedo! Debe ser terrible alucinar de esa forma. Por suerte, jamás he tenido una alucinación visual, salvo las imagiones fruto de mis miedos que he tenido de pequeña, ni pienso meterme en cosas raras para tenerlas como la oija.

Un saludo.

Gildos dijo...

¡Qué horror! Yo siempre tengo un sueño horrible: sueño con un mar revuelto de olas gigantes, que me quieren ahogar.

Un saludo cordial.

pitita dijo...

Q' terrible dev ser tener alucinasiones mi hermana cuando era adolecnt soñaba con el diablo representado en mi abuela con coxos y todo pro yo jamas e tenido nada paresido. por sierto m encanta el cementerio pro d hay a partisipar em sectas o rituales eso!NO¡¡¡ besitos Jose cuidate NNNN eres muy... m encantas.

outsider dijo...

Nunca me ha pasado...

Le agradesco sus constantes visitas a mi blog, efectivamente me cambié de dirección todo por culpa de blogger versión beta, no es buena idea, para nada, así que no lo haré de nuevo.
Bueno, nos estaremos leyendo.

Saludos

Patricia dijo...

Espero no tener alucinaciones de ese tipo porque creo que moriría de infarto.
Cuando era chica no me gustaba dormir en ninguna casa de playa por temor a los maremotos, ahora sí lo hago pero siempre con cierta tensión.
Explícame ,esto realmente te sucedió o es producto de tu imaginación?
Saludos

Anónimo dijo...

mas de que k un comentario, o de mis felicitaciones por tu gran talento, kiero que sepas que aun te kero mucho que sigues siendo mi kerido amigo lokito lunatico....
y esop te kiero muxo. bye!!!

eli_! dijo...

Increible relato!!

Me recordó un viaje al valle de la luna, algunos de mis amigos tomaron peyote y pelaron el cable en mala. Yo me achapline en ultimo minuto ja ja...

respecto del viaje, fue demasiado sorpresivo! pero para la proxima!!

Cariños!

eli_! dijo...

Ejem, ya actualicé!!!
Me costó darme el tiempo, pero lo hice. Nada más sano que reirse de uno misma!

Psiquiatra Peruana dijo...

Excelente texto. Algunas veces uno no puede escapar de esas olas...

Cabra Chica Tierna dijo...

veamos. Hiciste un blog con tu polola y luego terminaron y tú decidiste seguir con el blog?
que loco!

Ursula dijo...

Qué buen relato Gabriel, me deja sin palabras la fuerza de esas alucinaciones.
Un besote