sábado, diciembre 16, 2006

El Panoptismo ( Conductas Suicidas, Quinta Parte)

Era raro que estuviera tan tranquilo, como si esta visita fuera igual a los demás inspecciones obligadas de leguleyo en práctica que he hecho, pues no lo era. El lugar escogido?, la Cárcel de Pozo Almonte, siguiendo, quizás, con la dinámica de que me enviarán a freakerios para probar mis capacidades o no se que cosa.
La Cárcel se ajustaba a los cánones establecidos, casi de manual, a lo descrito por Foucault “espacios cerrados, recortados, vigilados “, hacinamiento criminal, pena y exclusión, en resumen, el típico centro penitenciario del siglo XIX, concebidos no para rehabilitarte sino para soportar un castigo.
Cuando me adentre a ese lugar, junto con la asistente social, me preguntaba como esos muros a medio caer disuadían la escapada de algún interno, quizás su complexión ruinosa y arisca sumado con la presunción que encaramarse sobre ellos significaría su derrumbe, y seguido, tu muerte, sólo eso podría explicar tal fenómeno de disuasión. Por otro lado, vivir en carne propia el Panoptismo, fue otro hecho que jamás pensé experimentar; sentir cuan insignificante puede ser una persona en esa estructura de poder; donde los ojos vigilantes te hacen saber, en todo momento, que no estas solo, siempre observado, anotado y registrado; donde los pilares de concreto nos declaran e imponen que nuestra libertad y conciencia no vale nada en esa pirámide.
Ya dentro de aquel lugar, la Vero me señalo, que por ordenes de mi abogado Jefe, debía hacer un taller acerca de la Extradición, porque gran parte de la población penal eran bolivianos y peruanos, en realidad, no le vi relevancia al tema, ya que para sus casos particulares, a ellos no se les podía aplicar, no obstante, y para mi entera indiferencia, no puse objeción alguna, sin embargo, después me llevaría una sorpresa.
En primer lugar, la pocilga de sala que me asignaron, con hedor a orina, se lleno de oyentes y curiosos, gran parte de ellos eran extranjeros, a los cuales, debía darles las malas noticias: que se olvidaran que lo extraditarían a sus países para cumplir su pena. Para mi asombro, me contestaron que ya lo sabían, que asistieron a ese taller por otras razones, únicamente, para hacerme presentes sus demandas y que necesitaban ser escuchados, y así empezó todo. Comenzó primero un gordo y avejentado hombre, manifestando su malestar al trato dado hacia su persona, no tomando en consideración su edad ni su estado de salud (diabetes al parecer) otros tantos reclamaban acerca de la comida, agregando, que el mal olor reinante en la salita no era producto del alcantarillado sino de la cocina colindante a ella; al instante salió un tipo enjuto pero enfurecido, quien señaló que el periodo de investigación de su delito ya había transcurrido y todavía el fiscal no presentaba la respectiva acusación o sobreseía, y así se sumaron otros tantos, a reclamarme porque el defensor público no se aparecía, mas aún, algunos llevaban meses de prisión preventiva y todavía no lo conocían.
De esta manera, el orden impuesto por el Panoptismo se quebró, la pirámide jerárquica se invirtió, y el binomio vigilancia-temor sucumbió a esa mini-revolución de mi clase de extradición frustrada, tanto así, que empezaron a llegar los internos nacionales, cuyas demandas eran tan variadas, desde las instalaciones hitlerianas que tenía esa cárcel, pasando por el maltrato que reciben sus familiares, hasta una apología a la libertad, que si bien reconocían la privación corporal eso no significaba que también restringiera su libre albedrío y su posibilidad de rechazar ciertas decisiones. A tales demandas, yo sólo sugerí que el conducto formal era hacerlas presente ante el ministro visitador o el juez de garantía cuando corresponda, pero ellos me replicaron que lo han hecho un centenar de veces, y no tenían respuesta alguna.
Al tiempo que ellos me hacían saber lo que les ocurría, seguía entrando mas imputados y condenados, al parecer, el sistema de control interno ya no funcionaba o simplemente los detenidos ya no les importaba, en fin, todo iba directo al caos; sólo había gritos, desahogos, momentos de libertad reprimida. En una situación así podía hacer más que mirarlos ingenuamente y escúchalos con atención, se que la mayoría de sus requerimientos iban envueltos con algo de esquizofrenia por el encierro, sin embargo, algo de razón podían tener.
Sólo bastaba un par de minutos, y el caos pudo pasar a un motín de proporaciones, no obstante, el Orden, el Panoptismo, Michael Foucault y su obra“ Vigilar y Castigar“se reivindicaron y pudieron aplacar los ánimos caldeados de nuestros campeadores internos, enviándolos nuevamente a sus celdas, seguido, el alcaide nos dio las gracias por nuestra visita; despidiéndose afectuosamente. Luego, salimos y lo único que alcanzamos a escuchar fue un pitazo y los bullicios que se perdían porque el Orden había triunfado y todo volvía al control, a la anotación y al registro.
(Dedicado a la Vero, asistente social de mi Corporación y a mi Amiga y colega Marisol)