lunes, noviembre 09, 2009

Y las mujeres son de Venus..


Nuestras declaraciones sobre Uds., nunca han sido asertivas, más bien interrogativas, no muy novedosas, lleno lugares comunes, prejuiciosas a lo mejor, estúpidas quizás, sesgadas o machistas inclusive. Son dudas, lindas mozuelas, provocadas por ustedes y que se han negado a contestar. Vuestro espécimen, de todas las criaturas existentes, es la que más nos causa intriga y fascinación, entender su comportamiento es una tarea, en ocasiones frustrante, para que hablar de la posibilidad de escudriñar su psiquis, empresa aún más improbable de concretar; aún así, los ilusos, nos aventuramos en buscarlas e intentamos develar algunos de sus secretos.

Mi primera incertidumbre es acerca de la afirmación de por qué las mujeres son o vienen de Venus, o en su defecto, por qué someterse a esa imposición nominal, casi espacial, casi divino, de su existencia que, por lo demás, pudo haber sido decretado por su contrapartida masculina que menos recurrido y conocimiento tiene de sus parajes. En fin, respecto de lo anterior, apuesto a dos postulados.

Aunque algunas quieran acuñar, dicha frase, al título de la insoportable serie de best seller de terapia para parejas “Los hombres son de Martes y las mujeres de Venus” del doctor en sicología, John Gray, sus orígenes son mucho más remotos e interesantes, encontrando una aproximación obligada, en el segundo cuerpo terrestre del Sistema Solar.

La representación de la mujer a través del planeta Venus, pudo haber sido invención de algún consolidado astrónomo, ocioso astrologo o intoxicado alquimista del siglo XVIII (todos anónimos por lo demás); en cuyos bocetos plasmaron gráficas femeninas relacionadas con aquel planeta, como el espejo de Afrodita y la cruz que lo sostiene, hoy, símbolo de lo femenino. La relación precedente, no resulta descabellado, el planeta Venus, por sí solo (o sola), goza de ciertas particularidades que lo diferencia de sus hermanos que lo acompañan. Destaca, de inmediato, su órbita. Mientras la mayoría de los cuerpos celestes giran de manera elíptica, Venus tiene una órbita más cercana a una circunferencia; con una rotación de Este a Oeste. Los rasgos mencionados dicen mucho, al menos para mí. La mantención de una órbita circular, es reflejo de perfección constante y uniforme, al menos estéticamente; similitud que constituye una carga tan propia de Uds., por la obligación diaria e incesante de comprobarse a sí mismas y, por añadidura, a quienes las rodea, de su aceptable complexión física, superación intelectual y estabilidad emocional, haciendo suyos, para este caso, el jingle “verse y sentirse bien”. Del mismo modo, el giro opuesto de Venus (Este a Oeste) a como lo hacen los demás planetas (Oeste a Este) son demostraciones de la distancia y diferencias permanente, casi irreconciliables, que nos separan entre hombres y mujeres; es ese pintoresco “movimiento retrogrado” de Venus, el que se levanta como una comparación simétrica con las mujeres, ya que Uds., actúan, piensan y sienten de manera contraria a como, rutinariamente, lo hacen los hombres.

Pero la denominación “Venus”, no fue concebida, originalmente, para un planeta X, sino otorgada a una diosa romana y, mucho antes, diseñada para la cultura helénica. El mentor, de tal divinidad, fue Virgilio quien reconocía, en Ella, el siguiente tridente: amor, belleza y fertibilidad. Si bien, es un triangulo básico, tiene cierto simbolismo geométrico, muestra de proporcionalidad exacta; peso milimétrico de tres atributos que conformar patrimonio exclusivos y únicos de las mujeres, cualesquiera la época en el cual se reproduzcan. Aquel triangulo femenino, también, aparece encubierto en el “Arte Precolombino”, sobre todo en el Arte Cuzqueño, tanto en sus pinturas como mini esculturas, en particular, en la estructura y vestimenta de las ” ñustas incas” (sincronismos de princesas incas con vírgenes españolas) en cuya cúspide denota la finura deseada por todas Uds., hasta descender cerca de la base donde exhibe sus anchas caderas, trampa de seducción de extraviados pelegrinos, además, de revelar signos de buena salud y fertilidad.

Extraño que en estas diosas y princesas, más mortales que perennes, sus creadores no hayan resaltado, ni siquiera mencionado, sus facultades cognitivas, al parecer sus atributos emocionales resultarían más gravitantes para la existencia de una mujer.

Finalmente y, después de re-leer esta pretenciosa columna, me doy cuenta que no tiene mucho sentido “pajearse mentalmente” sobre vuestra concepción o del planeta que hayan venido ya que todas esas lucubraciones, algunas interesantes pero inútiles a la vez, nacen del mismo seno masculino, con toda la discrecionalidad y arbitrio que significa eso. Lo anterior, lo advierto, no es nuestra culpa, sino suyas, ya que ninguna de las señoritas, han levantado el dedo y rebatido lo expuesto por varios de miles de año o por lo menos no existe evidencia que se hayan esforzado en decir cuál es su dios padre/madre o en qué cuerpo galáctico pernoctan, a menos, que las “Guindas” digan y demuestren lo contrario.

viernes, julio 31, 2009

Un parque, un aguacero y un abrigo. (Fragmento completo)




Santiago del Nuevo Extremo. Valdivia fue pitoniso al acuñar aquel apellido. En la Metrópolis resulta todo tan abultado y exagerado: su superficie, su población, la contaminación, las pandemias, las lluvias y el frio, ejemplos de una explosión aritmética imperfecta, infinita, sin restricción ni contrapesos.
La expansión se extiende también a los estilos de vida (o sobrevivencia), los rituales, las costumbres y malas costumbres, muchos de ellos importados de Gringolandia o Europa y convertidos a la realidad nacional popular. ¿Una ciudad copypaste?, ¿un rewind frustrado inglés o francés?, ¿secretismo de culturas? o ¿globalización resignada?, llámenlo como quieran, para mi no es tema, al menos por hoy no.
Este día polar saldré a pasear por Parque Forestal, a pesar que San Pedro castiga con azotes la Capital, igualmente, necesito deambular por el trazado lineal de la antigua arboleda, para distraer, dolores y ruinas. Sin perjuicio del poco optimista devenir, me siento seguro y protegido para enfrentar este sombrío día, ya que esta ocasión usaré mi viejo abrigo de piel. Este abrigo es una vestimenta peculiar, si bien, evidencia las lesiones propias del tiempo, las polillas y uno que otro accidente doméstico, se mantiene en buen estado, más aún, puedo afirmar que las imperfecciones impuestas por el trajín ordinario constituyen detalles finamente seleccionados que lo alejan de sus pares. De supuesta talla XL, gracias a su tecnología ex-soviética, permite ajustar sus gruesas fibras a contexturas más enjutas como la mía, o eso pareciera, al menos logra engañar a un par de ojos sanos o los infalibles lentes "poto" de botella. Sus materiales sintéticos no obstaculizan la perfección del corte ni la elegancia parisina que tanto nos gusta pavonearnos; pero sin duda, el toque de distinción (o exageración), lo otorga el bicho con pelos que rodea el cuello del traje; piel arrancada de algún animalito peludo coterráneo de países ex-comunistas olvidados, donde los reclamos de Peta y Greenpace son ignorados. Esa conjunción entre la simetría industrial y la singularidad animal me confiere seguridad y tranquilidad; la energía que emana del choque de esos dos antagonistas no sólo produce calor sino que también un escudo que rechaza el infortunio. Perfecto. Con esa certidumbre inicio mi caminata por los angostos caminos de Baquedano. Donde hubo prados, donde hubo plátanos, ahora hay graffitis y recuerdos de un cuadro nudista colectivo; las tertulias literarias de comienzos del siglo XX y las manifestaciones políticas de los 80' han sido desplazadas por malabarismos de neo hippies y estridentes recitales. En la mayoría de esos cambios ha estado presente mi abrigo pero sin sufrir variaciones radicales, ni en su complexión ni en su alma. Inmutable. El chaparrón intenta abatir mi camino. Las gotitas de agua consensuadas tratan de escabullirse por las rendijas del abrigo, pero éste, silenciosamente, los repele. Aunque no sólo debe despejar a una lluvia confabulada sino que también a los comentarios envidiosos de abuelitos frustrados; risotadas irónicas de escolares cimarreros y miradas audaces de comunes delincuentes, igualmente, todos ellos sucumben ante su imponente e infranqueable estructura. Invencible. Paró de llover. Debo volver al lugar de mi infinito descanso. Un rectángulo al vacío sustraído del limbo ha resguardardo la integridad de mi abrigo y el mio. Ahora asciendo y cierro mis ojos. Debemos recuperar fuerzas para otro incierto paseo. Acá nos quedaremos por un tiempo, fijamente colgados en un extremo del museo, para alivio nuestro, para goce de terceros. Admirable.

Ref: Gravado"Abrigo de Piel. Frente".
Autor: Claudio Bravo.