miércoles, junio 30, 2010

Alegato de un Maniquí Explotado



Quizás vine de China, Corea o Hong Kong; incómodo y apretado en un contenedor, confundido entre mis iguales e inmigrante ilegales. No sé por qué arribe a esta ciudad donde el desierto y el mar era su única postal. En realidad el "por qué", está demás,nosotros no tenemos derechos, al "humanos".
En fin, después del desmbarque, nos apilaron uno y tras a otro, sin diferenciación de sexo(con lo humillante que puede resultar ello)al costado del puerto, para, posteriormente, repartirnos en improvisadas tiendas. Recuerdo que me ubicaron en la entrada de un primitivo galpón, dentro de un arenal cuasi desolado, cuasi urbanizado y sólo como acompañantes a los hombres del mundo que cargaban cajas, sueños y negocios.
La esperanza de esos hombres transformaron los rudimentarios almacenes en suntuosos salones; ornamentándolos con luces, música y aromas de las naciones; azuzando a los ingenuos de aquí y a los de allá a dilapidar todo lo que no tenían y nunca tendran, regocijándose, a modo de premio de consuelo, en el progreso y el éxito del comerciante embustero.
Mismo regocijo es el que siento al seguir siendo explotado en el mismo galpón de hace 35 años atrás, a pesar que mis brazos fueron cercenados y una cuerda sostiene mi desequilibrado cuerpo. Peor fortuna tuvieron mis primos y hermanos que terminaron en el basurero o como combustible para las hogueras de los vagabundos que posan cercanos, ahora, al gran centro comercial.