sábado, junio 23, 2012

El Accidente. (Primera Parte)





 I
Un escenario traicionero, un paisaje ordinario: misma autopista, apáticos edificios, el ritual taco, resignado aburrimiento, la desesperación del arribo. Un cuadro diario que te provoca somnolencia y termina despertándote en el Otro Lado. La rutina disfraza la tragedia, la hace sorpresiva, rápida y, a veces, indolora.
Pero el momento en que los bólidos se deciden fusionar, el paisaje común desaparece. Una goma de borrar elimina la autopista, los edificios, los terceros indiferentes, el disco Pare violentado; se extingue todo bien tangible hasta lograr el vacío. Lo único que resalta es un complejo de tuercas, fierros y sangre que ensucian el universo blanco que los rodea.
El cronómetro deja de correr. Todo sucede de manera tan lenta, extendiendo la escena más allá de lo que las víctimas quisieran. Quizás, por lo forzado y previsible del final, es necesario alargar el evento para dar cierta falsa incertidumbre sobre el resultado. El sonido también calla.  Después del grito difunto, solo hay silencio. Una película muda en que sus participantes quieren romper pero la norma no se los permite.
Entonces, la colisión. Pura mecánica de Newton. Una bolsa de principios físicos y modelos matemáticos. No hay emociones sólo la fuerza (e indiferencia) de las ciencias. No tiene sentido imputar responsabilidades a aquel conductor en estado comatoso, cuyo exceso de cervezas del desahogo, no permitieron que divisará, a una distancia próxima, el disco Pare, ni al automóvil que se dirigía por la otra calle. Qué culpa tiene que en ese auto estuviera una familia, de esas convencionales (padre, madre y una infante), que tanto gustan a Dios, gobernantes y a la prensa. Es difícil creer que el desgraciado haya querido soslayar una regla de tránsito tan importante (vital), mucho menos asesinar a individuos anónimos. Simplemente ocurre; un empujón imperceptible de las leyes de la naturaleza y el desastre sobreviene.
Es increíble como acuerdan colisionar dos vehículos en el lugar y tiempo exacto; un convenio de aceleración, golpe y daño. Primero, el vehículo que desobedece el disco Pare, acelera, como si se percatara de la infracción y huyera para no ser sorprendido. Esa premura tempestiva permite coincidir con el móvil familiar, impactándolo justo en el borde lateral; zona abandonada de cuidados. Ahora son dos masas que se compenetran con intensidad; un acordeón que se va cerrando,  doblando, sin consentimiento, acero, quebrando vidrios, desgarrando plástico, chorreando bencina, sometiendo cualquier tipo sustancia líquido o sólido. Por unos segundos son uno. Luego, la materia se percata del daño provocado y comienza desintegrarse para alejarse de la zona de ataque, diseminándose en varios metros.
Pero los ocupantes de los autos no tienen posibilidad de huir. Al contrario, ellos deben presenciar el evento. Sólo después de los 0,8 a 0,10 segundos del impacto inicial, (lapso en que las víctimas observan el accidente y visualizan su pasado y futuro) los cuerpos chocan contra las estructuras internas del auto. Sus cabezas son azotadas con el látigo, de izquierda a derecha, una y otra vez, de izquierda a derecha, otra vez, de izquierda a derecha, de izquierda a…..hasta que la dinámica se aburre y lanza algunos cuerpos fuera de los automóviles y con otros se entretiene dentro del móvil.
La primera víctima en ser expulsado, con el objeto de que no lo persigan las culpas venideras, es el ebrio, quien es lanzado por el parabrisas para estrellarse con el otro vehículo, cumpliendo, protocolarmente, su fallecimiento con la fórmula matématica  escrita para el efecto (esto demuestra la imposibilidad del pobre tipo de evitar su muerte y de los que lo seguirán. La norma está escrita y debe cumplirse).
Continúan las leyes de la física con el automóvil familiar. El padre absorbe los metales evacuados por el auto agresor y por su auto. Muerte, relativamente, rápida. Estaba demás el cinturón y el airbag. La madre, como copiloto y, su hija, en el asiento trasero, son proyectadas como trapecistas, sin red de protección, fuera del vehículo, arrojados a través de las ventanas, directo al suelo. Una escena en stop-motion. Madre e hijas descienden juntas y estrellan sus cabezas contra el piso. Una mano maternal desesperada roza los dedos de la pequeña para entregar el último afecto. El último.
El Postulado: los reproches morales e imputaciones legales a los hombres por los resultados de un accidente automovilístico no son acertadas, ya que el verdadero culpable se encuentran en los axiomas de las leyes de la naturaleza cuyo determinismo lleva a que los mortales deban soportar las consecuencias de sus ecuaciones trágicas decimonónicas.
Las armas las carga el diablo..y las ciencias básicas también.