lunes, julio 02, 2012

El Accidente (Segunda Parte)



II
N° 1) El ambiente previo: dos autos, la familia, el alcoholizado, la autopista, luces, bocinas, ­extraños. N° 2) El Accidente.  N° 3) El ambiente ulterior: sin-autos, sin-familia (madre e hija tiradas en el asfalto), sin-alcohólico, autopista-tumba, silencio, ángeles, demonios y un botín.
-¡Mamá, ven, mamá¡…- fue la frase arrancada, del suspiro de vida restante, de la inocente accidentada. -¡Mamá, me duele¡…- 
-Tranquila mi niñita, tranquila. Acá está la mamá, contestó la progenitora, tan o peor maltrecha que su prole, extendiendo con esfuerzo su mano para acariciar la magullada cabeza de la pequeña. –¡Tranquila, amor, pronto terminará¡-.
Cronos, se apiada de la madre. Tiempo detenido. Permite que la mujer goce, no de su precaria existencia, sino la fugaz presencia de su hija. Mima esa cabecita, mortalmente rota, intentando, ingenuamente, que el sufrimiento de su descendencia se transmita hasta su cuerpo adulto, igualmente, abrumado por el dolor.
A esas últimas caricias se acompañan luchadas palabras de aliento: –“Tranquilita, mi vida, ya pasará, falta poquito”-. Al parecer resultan efectivas; la infanta desliza una sonrisa, quizás de alivio, quizás sólo por instinto.
El tiempo se acabó. Espectros negros distorsionados surgen en el escenario vacío. Se acercan a los infortunados, que parecen revivir, justo en el momento, que estos se les aproximan, lanzando un grito desesperado, un último grito. Las figuras fantasmales capturan a las víctimas y las arrastran hacia un pozo abismal que cavan en el mismo lugar donde los infelices perecieron.
La madre, tapa los ojos de la pequeña. No es una escena para una menor (menos moribunda). Entonces, aparece un espectro al costado de la criatura. – ¡No, ella no¡-, exigió la mujer. El mensajero se detiene; extiende (al parecer) su brazo y apunta hacia la madre. Sin vacilo contestó ella - ¡Si, yo¡-.  En ese mismo instante, se descubrió otra silueta borrosa, pero ésta era blanca y resplandeciente (cegaba al enfocarla con la mirada).
Con la llegada de esta otra aparición, el oscuro espectro construyó, como los demás, la profunda sima, tomó de una extremidad a la madre y la tiró hacia la tumba, descendiendo ambos por ese mismo abismo.
-¡Mamita, no me dejes sola¡- dijo agonizante la menor. La madre no alcanzó a dar respuesta a esa suplica (quién sabe lo que le hubiera dicho la madre a su hija en su momento de muerte).
La pequeña, pronto a fenecer, miró a la luminosa sombra y preguntó - ¿Quién es Usted, Señor?-. Esa figura, contestó parco: -¡Nadie¡- (creo que dijo eso o sólo fue una alucinación). Dicho esto, se abalanzo sobre la cría y desaparecieron, dejando atrás los vehículos destrozados, la sangre derramada y el letal infortunio.
Ergo (complemento frase final, Primera Parte), las armas las carga el diablo, las ciencias y Dios (inclusive).

2 comentarios:

Esther dijo...

Qué chulada :)

Me ha gustado mucho. Me gustan esas historias de fantasmas. La niña, se fue al cielo, quizás...

No he estado por aquí mucho; he estado bastante ausente de Blogolandia, a decir verdad, pero, ya estoy otra vez :) Gracias por este ratito, ha sido muy ameno.

Un saludito.

Lunna dijo...

Intrigante historia.

Gracias por tus palabras y tu visita a mi rincon, me quedo paseando entre tus renglones.

Besos.

Lunna.